Las trampas del ego

Son las corazas o las resistencias que activamos o desarrollamos de forma inconsciente para evitar la conexión con aquello que nos genera dolor y que por ende, no queremos enfrentar.

Una de las grandes trampas del ego es la evasión: la justificación, la excusa racional y la chorrera mental que busca suprimir lo que verdaderamente sentimos.
Las trampas del ego se dominan entendiendo que para que surja la transformación es necesaria la aceptación incondicional de nosotros mismos, de nuestros errores, de nuestros desaciertos y de todo aquello que no nos genera paz; sin que esto represente algo perturbador o culposo.
El primer paso es tomar conciencia de lo que no queremos aceptar, de lo que no nos gusta, sin hacer prejuicio de ello, sin resistir, entendiendo que nos podemos equivocar, que no somos perfectos y que además está en nosotros hacer algo distinto.
El camino de la transformación es el reconocimiento del hecho con su cuota respectiva de dolor.
El dolor es transitorio, por eso vale la pena reconocerlo y experimentarlo, tomando en cuenta que gracias a él nos movemos, dejando atrás lo conocido, lo fácil, lo cómodo.
El reconocimiento del dolor es lo que nos afirma que hay algo que necesitamos renovar o mejorar.
El dolor nos habla, el dolor es sabio. A veces se disfraza de miedo, de resentimiento, de angustia, de ansiedad o de tristeza.
Carmen Rey


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