“El miedo siempre ve las cosas peor de lo que son”

Según el diccionario de la Real Academia Española , el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

El vocablo procede del latín metus, que tiene significado análogo. Como todas las emociones admite graduación, y así el diccionario ideológico de Julio Casares establece algunos términos asociados, como temor, recelo, aprensión, canguelo, espanto, pavor, terror, horror, fobia, susto, alarma, peligro o pánico.

El miedo  es una emoción caracterizada por una intensa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

El miedo es una de las emociones humanas más primitiva, que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror.

Existe miedo real cuando la dimensión del miedo está en correspondencia con la dimensión de la amenaza. Existe miedo neurótico cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro.

El miedo nos puede paralizar o nos puede impulsar a actuar.  En situaciones peligrosas tal vez el huir o correr puede protegernos, también el paralizarnos puede ser beneficioso dependiendo de las circunstancias.  Por ejemplo si comienza un incendio en el lugar que estamos, el correr puede salvarnos, pero si hay demasiada gente corriendo y hay mucho peligro,  tal vez detenernos a esperar pueda ser lo que nos proteja. Aquí la intuición juega un papel clave.

Hay otras situaciones en la vida que no requieren una actuación inmediata, en estos casos también puede invadirnos el miedo, la pregunta es ¿qué debo hacer? Si este miedo me paraliza, o si este miedo me hace agredir a las personas que quiero.

La  situación de cada persona es única, pero una aproximación podría ser que,  si este miedo te impide actuar y lograr tus metas, es importante que lo contactes, y que lo trabajes en el momento presente,  que te des cuenta de que el miedo te acompaña aun cuando no hay peligro ni riesgos, hay que ubicar en que parte del cuerpo se esconde y trabajar para ponerlo afuera de ti, afuera es menos amenazante.  Muchas veces el miedo se esconde en nuestras caderas y se presenta como lumbago o dolor en las piernas.

La ansiedad que acompaña al miedo, aparece cuando emprendemos un viaje catastrófico hacia el futuro, por tanto hay que vivir y sentir el momento presente, que nos aleja de los pensamientos pesimistas del futuro y de la ansiedad y el miedo.

Si el miedo te pone agresivo, es necesario que hables con tus familiares o seres queridos acerca de la situación que te está generando ese miedo. El conversar abiertamente sobre tus sentimientos te permitirá conseguir apoyo en la familia o amigos. Al reconocer que tu violencia viene dada por el miedo que sientes, este está ubicado fuera de tu persona y al compartirlo es menos amenazante.

En definitiva el miedo solo es dañino cuando no se identifica, cuando no se coloca afuera de la persona y cuando no se comparte para buscar la solución a las situaciones que lo generan.

A cada día le bastan sus temores, y no hay por qué anticipar los de mañana.

» Charles Péguy  (1873-1914) Escritor francés

 

Fatima Villanueva

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