Con niños y sin tiempo…

La vida de hoy en día, tan apurada, con poco tiempo y tantas cosas que hacer, nos ha llevado a hacer nuestras labores con mayor rapidez y ansiedad y los niños han adaptado estas conductas, es por esto que cada vez se presentan más niños ansiosos que tienen problemas con la atención y la memoria, debido a que en casa los estímulos son rápidos y cortos y no hay tiempo para analizar bien los acontecimientos.

Sabemos todos que en la actualidad cada vez es más difícil tener tiempo, porque las necesidades económicas y sociales no lo permiten, sin embargo la calidad de tiempo que pasemos con nuestros hijos, y con esto me refiero a calidad de verdad, sea un tiempo de diálogo y comunicación, donde escuchemos nuestras preocupaciones, miedos y alegrías, hablemos del día a día, cómo nos sentimos y qué haremos mañana. Sobre todo un tiempo donde no haya mediadores como la tecnología, que haya un contacto corporal si es posible, donde nos reconozcamos como grupo familiar, ya que es allí donde se siembra la semilla para el futuro de los niños.

El problema aquí es que reemplazamos el tiempo de compartir y de estar en contacto con la familia por hacer otras labores de rutina, con esto no quiero decir que dejemos nuestros trabajos o que no estudiemos, esto es importante para el desarrollo de la familia también, sin embargo, podemos buscar pequeños espacios donde establecemos prioridades y le demos espacio al contacto sincero y afectivo, ya sea en la casa, el carro, la casa de la abuela, etc.

Si es necesario que los niños se levanten un poco más temprano para ir a la escuela y así tendremos más tiempo para hacer las labores con calma, podemos hacerlo adaptando al niño a acostarse paulatinamente un poco más temprano cada día. Cuando hacemos todo con conciencia y en el aquí y ahora no necesitamos de mucho más tiempo, sino que nos concentramos en lo que estamos haciendo en el momento sin pensar en lo que va a pasar después o en qué tengo para hacer en el día. Esto también ocurre mientras estamos con los niños, estamos maquinando qué vamos a hacer al día siguiente y el contacto no es genuino, está en tiempo futuro.

Los niños son especialistas en captar nuestros movimientos corporales, palabras y miradas, saben cuándo estamos tristes, preocupados, molestos, incluso ansiosos; la cantidad de movimientos, la frecuencia, nuestras expresiones faciales, le dan indicios al niño de nuestras emociones, por esta razón debemos tener mucho cuidado si no queremos imprimir en el niño nuestras emociones. Muchas veces aprenden más de nuestros gestos que de nuestras palabras, por eso si mantenemos un estado de calma (el cual primero debemos adoptar nosotros), ellos también podrán adoptarlo, pero, si por el contrario estamos en estrés constante, ellos lo percibirán y probablemente serán niños ansiosos. Empecemos por nosotros, los adultos, y así podremos enseñar a nuestros niños.

 

Patricia González.

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